La española Yolanda Molina, tiene cierto encanto, erotismo y enigmatismo para escribir, que no solo engancha al lector hasta terminar sus textos, si no, que lo lleva a jugar con sus propias interpretaciones de lo leído, como una buena escritora. Por eso debo admitir que este blog es fans de sus cuentos y este mes, Fanou nombre que utiliza como artista, ha compartido con Escaletas’s blog y para todos nuestros lectores, el más reciente de ellos, “Asistencia Nocturna”.
Asistencia Nocturna
Por Fanou
Anna se despierta con ganas de ir al baño. Se siente bien, feliz, pero tiene un dolorcito extraño en un costado. Se incorpora y deja caer los pies al suelo. Luego sigue al cuerpo. El cuerpo siempre sabe dónde está el baño. Entra a oscuras, se sienta a tientas en la taza, mea sumariamente y vuelve a la cama.
Tras unos instantes en blanco Anna se despierta hecha un ovillo de nervios. Esta sumida en la intranquilidad y todos los tendones de su cuerpo están en tensión. Tiene una preocupación terrible. Se revuelve en la cama, de un lado para otro, destapándose y tapándose. Sufre duermevela y pesadillas durante un rato que le parece muy largo. Luego cae en un sueño de esos malos: oscuro, profundo e inconsciente.
Tras unos instantes en blanco Anna despierta con unas ganas terribles de ir al baño. Se levanta con dificultad, debido a la enorme barriga. Sus pasos hacen retumbar el suelo con unas vibraciones grabes de pies enormes mientras alcanza el baño. Lo conoce bien, hace ese viaje varias veces cada noche. Intenta apuntar a oscuras para no dejar ninguna sorpresa desagradable. Tras un rato de espera molesto, rayando lo doloroso, mea un chorro de gotitas insignificantes y vacilantes que no le alivia en absoluto. Vuelve a la cama.
Tras unos instantes en blanco despierta en un cuerpo extraño. Las dimensiones de todo son erróneas y no comprende los mensajes ni las sensaciones. Intenta moverse pero no controla bien. Oh! un bebé. Nunca antes le había toca un bebe. Intenta comprender que se requiere, pero no lo tiene muy claro. Urgencia, si, urgencia, por eso está allí, pero ¿qué urgencia? Al fin se da cuenta de que se está asfixiando con la almohada. Le lleva un buen rato de esfuerzo y angustia girar la cabecita. A cambio recibe una felicidad maravillosa: simple y pura.
Se toma unos segundos, para recuperarse.
Vuelve.
Tras unos instantes en blanco siente de nuevo la barrigota, y también cierta humedad en los calzoncillos. Ha llegado tarde. Esto requiere un despertar completo. Envía el aviso y salta al siguiente.
Unos instantes en blanco y se despierta en un cuerpo sobre excitado. Un pequeño orgasmo culmina en la necesidad urgente de mear. Va hacia el baño. Mear le resulta muy placentero, casi como el orgasmo. Su cuerpo siente el reflejo de tocarse mientras mea. Debe ser algo habitual, el cuerpo hace sin consultar. Se mancha las manos de pis. Quiere lavarlas bien, pero el cuerpo pasa los dedos un instante bajo el agua y vuelve a la cama paraentregarse a los sueños eróticos.
Tras unos instantes en blanco despierta. Siente dolor: en las piernas y en los codos, en las encías, en los intestinos y cierta oclusión en el pecho. Se medio incorpora para respirar mejor y se dispone a resistir. El máximo de lo que dura una asistencia. Lo justo para dar un poco de descanso al anciano cuerpo. El tiempo transcurre lento, lleno de tics-tacs de un reloj de cuerda. Transcurrido el tiempo reglamentario se deja resbalar de nuevo hacia abajo en la cama.
Tras unos instantes en blanco se despierta con dolor raro a la dercha del abdomen. Conoce los síntomas: apendicitis. Envía aviso de despertar urgente con la sensación de que algo va mal.
Tras unos segundos en blanco despierta en el cuerpo de cierta ejecutiva famosa. Despierta rechinando los dientes. Caso agudo de stress. Va al baño, aunque más por rutina, no hay ganas. Ni si quiera se mira en el espejo, ha perdido la curiosidad hace tiempo. Busca la mesilla de noche y coge el libro más aburrido que encuentra. Intenta acelerar la vuelta al sueño, se concentra en aburridas formulas de mercado de masas. Nada que hacer, insomnio agudo.
Anna mira de reojo el reloj: 4:45. Aún queda mucha noche. Es duro el oficio de asistente de noche.
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Archivado bajo: Artes literarias | Etiquetado: Narrativa
Gracias, es todo un honor.
Talento para hacer pasar lo insólito por cotidiano.
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- Marc Shaw
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